sábado, 19 de diciembre de 2015

TANABATA LA LEYENDA DEL AMOR




Volviendo a leer la leyenda del hilo rojo, me he encontrado con esta nueva bonita leyenda.

TANABATA es una de las festividades más famosas en Japón, a la que también se la conoce como “La festividad de las estrellas”.

Esta bella leyenda cuenta que hace miles de años, una joven mujer llamada Orihime, hija del rey celestial Tentei, tenía el talento de tejer unas magníficas y bellísimas telas en las orillas del río Amanogawa, nuestra Vía Láctea. 

Orihime, siempre estaba tejiendo, pero tanto tiempo le dedicaba que le impedía conocer a alguien de quien enamorase, y mantenía su tristeza callada, sabiendo que su responsabilidad de tejer era lo que tenía que hacer.

Su padre al darse cuenta de la tristeza de su hija, decidió que conociera a un atractivo pastor, Hikoboshi, que vivía al otro lado del río Amanogawa. Entonces Tentei planeó un encuentro entre ellos y cuando se miraron por primera vez, el amor surgió de inmediato.

Este amor fue creciendo y al poco tiempo se casaron. Pero vivían tan enamorados y pendientes el uno del otro, que olvidaron realizar sus tareas, porque un amor tan profundo como ellos tenías les impedía separarse ni un segundo.

Orihime, dejó de tejer, incumpliendo su obligación de la tarea encomendada por su padre Tentei, el rey celestial. Hikobosni, descuidó su ganado y éste se perdió en el cielo.

El rey Tentei, cuando se dio cuenta de la situación, muy furioso, al ver que ambos habían descuidado sus tareas, separó a la joven pareja, como castigo a su comportamiento. Dejó a Orihime y a Hikobosni en un lado distinto del río Amanogawa, y así no podrían verse, ni tocarse, ni hablarse, 

Orihime, desesperada con su llanto, le pidió a su padre poder ver a Hikobosni una sola vez más. Tentei, ante el dolor de su amada hija, decidió complacer su deseo, pero solamente se verían una vez al año, el séptimo día del séptimo mes, siempre y cuando ella cumpliera con su tarea de tejer.

La princesa muy contenta se puso a tejer en seguida, realizando de nuevo bellas telas y que su padre viera que cumplía con el trato.

Y llegó el séptimo día del séptimo mes, Orihime sabía que iba a ver a su amado Hikobosni, pero se entristeció al darse cuenta que sólo lo podía ver, no podía acercarse, no podía tocarlo ni besarlo. Seguían estando separados por el río. No existía ningún puente para poder cruzarlo y encontrarse de nuevo.

Orihime, empezó a llorar de forma desconsolada ante la desdicha de no poder estar más cerca de su amado, tanto lloró que apareció una bandada de urracas que acudieron a la ayuda de la bella princesa.

Al saber que lloraba porque los dos jóvenes amantes no podían juntarse, se  agruparon y con la ayuda de sus alas formaron un puente. Y le prometieron que cada año vendrían en su ayuda para realizar el puente, siempre y cuando no lloviera, ya que sus alas no se pueden mojar. En el caso de llover, deberían de aguardar su encuentro hasta el año siguiente.

Y es así como la joven pareja se consiguieron ver cada año y poder consumar su amor.

Tentei, viendo que ambos cumplían con sus tareas el resto del año y el amor tan grande que había entre ellos dos, decidió que para que se pudieran encontrar los amantes, decidió ponerles un puente de plata ese único día del año.


***
La historia es la explicación mitológica para un fenómeno que se puede observar en el firmamento. La estrella Vega está situada al Este de la Vía Láctea y la estrella Altair está al Oeste. Sin embargo, durante el primer cuarto lunar (séptimo día) del séptimo mes lunar (en torno a julio/ agosto), las condiciones lumínicas hacen que la Vía Láctea parezca más tenue, como si un puente uniera las dos estrellas.