viernes, 14 de octubre de 2011

LUCIA, BONNIE Y OTTO








Nunca nos dejaron tener animales en casa, ni a mi hermano ni a mí, sólo aquellos peces de colores en una pecera pequeña, que morían al poco tiempo. Recuerdo, que me levantaba y todas las mañanas les iba a dar de comer. Y terminaba diciendo "¡mamá, hay solo dos peces!", "¡mamá solo hay un pez!", "¿mamá porque nada boca abajo?". Cosas de crios.

Por querer tener quise tener un pollito de color, pero nada ni eso.
El primer animal que entró en mi casa fue una tortuga "Lucia", que viajaba con nosotros dentro de una regadera y todos los días tenía que pasar por el gimnasio particular mío que le estiraba diez veces todas las extremidades. Y le vino genial, porque se escapó en el campo y nunca más supe de ella.

Después de aquello y mi llorera, no hubo más animales en casa, salvo la salvajada que hacía yo con los pica-picas (aquellas medusas pequeñas que llegaban en el mes de septiembre a la playa y creo que ya no existen), que las odiaba debido a que un día se metió una en mi mi bañador y tuve el cuerpo escocido bastante tiempo. Por lo que yo, ni corta ni perezosa, las cogía con las manos, que era único sitio del cuerpo que al tocar con sus extremidades no hacía daño; de ahí iban al cubo de la playa, y de allí iban a un bote de cristal; y cuando ya estaban mareadas y reliados sus tentáculos, pues para el WC. Un poco salvajada sí, pero era muy chica.

Hasta que no me fui a vivir a mi piso, no hubo ningún animal "doméstico" conmigo, y después de unos meses, que fui a acompañar a una amiga que se había muerto su perra, una labradora blanca, Tana, y quería tener otro animal en casa pero que no fuera un perro; en principio pensó en una cobaya pero terminó adoptando a un conejo enano (que resultó con el tiempo que era hembra"). Y ahí fue cuando me picó la curiosidad, ¿porque no adoptar yo también un animal?, al fin y al cabo, no tenía que pedir permiso a nadie porque iba a estar en mi casa, no he tenido nunca una mascota y es una monada tan chiquitos, que caí en la tentación. Pero eso sí, tenía que ser gris y no tener los ojos rojos ( me dan pavor). Pues voilá!, así llegó Bonnie a mi vida.

Lo que más recuerdos tengo de pequeña de Bonnie es que todo el mundo te pregunta "¿pero crece?", "ufff!!! lo que ha crecido, no te va a caber en la jaula dentro de poco". Creció, porque realmente enana no es, pero tampoco es un conejo de campo. Jajajaja, y recuerdo también a un amigo de mi hermano que desde que se enteró que tenía en casa a una coneja me enviaba todos los día una receta culinaria nueva de como comer conejo.

Y, por último, ha llegado Otto, el perro de mis ojos. Ese pequeño bribón, que se las sabe toda tiene conquistado mi corazón. Yo antes  no entendía a las personas que tienen perro que pudieran hablar así de ellos, como uno mas de la familia, pensaba que sí que se les ha de dar cariño y te lo devuelven, pero tanto, nooooo, impensable.

Para mí Otto ha sido una bendición en mi vida. Me está enseñando muchas cosas, además del cariño incondicional que me da. Puedo ser el mejor o el peor día de mi vida, que siempre está ahí esperándome con su rabito como un limpiaparabrisa de un coche agitándose de una lado para otro. Y es que, estoy enferma no se separa de mí, hay que jugar y es super-exigente con la atención a prestarle, pero se le dice ya, y se acabó. Además, viendo el comportamiento de él, tan noble, tan sincero, ... como te puede dar tanto a cambio de un plato de pienso (incluso, creo que si no se lo das, también se comportaría así), Gracias Otto por llegar a mi vida, porque has puesto un antes y un después en mi vida. Si un perro se puede comportar así, ¿cómo no las personas!?!?!?