lunes, 26 de septiembre de 2011

RECORDANDO MOMENTOS 1

Esta tarde he pasado por casa de mi padre para charlar un ratito con él, cada vez me gusta más. Claro, cuanto menos ves a una persona querida más le echas en falta, porque cuando vivíamos los dos solos parecía como si viviésemos en casa distintas y ahora ,como comentaba, todo lo contrario.
La verdad es que me río mucho con él. Desde muy pequeña siempre he tenido mucha complicidad con él, más que con mi madre, cosa que a ella un poco la encelaba. Siempre he tenido mucha mas empatía por ser los dos, dos cabezas cuadradas supongo, jajaja, a cabezotas no hay quien nos gane. Pero aún así, desde muy pequeña recuerdo a mi padre igual, haciéndose parecer un hombre estricto, pero en realidad, siendo lo contrario, es un trozo de pan. (De pan duro, como yo le digo muchas veces).
Es de las personas que se puede hablar con él de todo, incluso de aquellas que sabe que no le va a gustar. Él siempre está ahí para escucharme, para darme un consejo, o simplemente estando. Además, siempre terminamos riéndonos.
Muchas veces, hasta en contra de sus creencias, él siempre me ha dado la libertad de decidir sobre mis propias decisiones. Siempre me dice lo mismo, aún siendo muy pequeña de edad: "Tú ya eres mayor, sabes que es lo que tienes que hacer y sino piensa". Sabes que él sabe la respuesta o por lo menos la que él cree, pero nos daba y nos sigue dando libertad para que pudiéramos elegir, hasta para equivocarnos,y además siempre ha estado ahí para darnos su hombro donde llorar en el momento que lo hemos necesitado o cogernos de la mano para levantarnos.
Recuerdo de pequeña, que todos los días yo le exigía que me contara un chiste, ¡que paciencia ha tenido este hombre conmigo!, porque yo era de lo más pesaita. Y todos los días, venía con un chiste nuevo, y esta situación duró por lo menos un par de años o quizás más.
Si alguna vez tuviera que poner un adjetivo a la relación que tengo con él sería "complicidad". Es mirarnos y ya sabemos que nos pasa o que queremos decir. Y las broncas que nos echamos el uno al otro, pero siempre llegamos a un acuerdo, siempre nos llegamos a entender, o por lo menos, hasta ahora, y a estas alturas del camino, no creo que nada cambie.
Y es que mi padre es un ser entrañable, a mí me ha dado muchos momentos de felicidad, por supuesto, junto a mi madre. A pesar de que era con quien menos tiempo estaba, por motivos de trabajo, era a quien mas echaba de menos, ya lo he dicho antes es con quien mejor de la familia me he entendido siempre.
Siendo muy pequeña, y la gracia de mi padre de quedarse siempre conmigo por ilusa, me decía en cuanto llegaba del colegio, tendría yo 4 o 5 años, ¿hoy has hecho esto en el cole, no? yo flipaba, ¿cómo lo sabe? y me decía siempre lo mismo, "un pajarito mágico me lo ha dicho". Tantas y tantas veces me lo dijo que yo ya sabía que algún gorrión de los que se ponía en la ventana del cole o estaban en el patio era el maravilloso pajarito mágico que iba todos los días a la oficina de mi padre a contarle mis cosas. Ja, ja. Obviamente, con el tiempo descubrí que era mi madre que antes le había contado las cosas. Pero, yo me pregunto, ¿cuantas personas han tenido como yo un pajarito mágico en su infancia y era complice de su padre?
O el mítico apodo que me dio mi padre, en mi casa él me llama "Gringa",  y no hay más, no sé muy bien, supongo que alguna relación tiene que tener con las películas del oeste, esas que mi padre se chifla, y que no hay manera de engañarle para que ponga otra cosa, cuando hay una peli del lejano oeste en la tele solamente queda la posibilidad de aguantarte y ver la película con él o dormirte la siesta en el sofá.
Y cosas así, durante toda mi vida, como yo le digo a él, me ha estado tomando el pelo, cariñosamente, pero me lo ha tomado, y mucho. Y para mí, como lo decía mi padre, pues entonces era verdad.
Una vez llegué a contar hasta unos 30 motes que me tenía puesto en casa, pero los dos claves eran: "Gringa" para mi padre y "Nena" para mi madre, y como te llamaran por tu nombre malo, ya podías echar a correr porque caía bronca seguro.
Sólo puedo decir, gracias papá por darme una infancia tan feliz, por seguir a mi lado apoyándome y no juzgándome, por quererme, por estar ahí, por todo ello y mucha más gracias. Seguiré otro día escribiendo más cosas de tí.