viernes, 9 de septiembre de 2011

LAZOS DE AMOR (III) - BRIAN WEISS

No siempre nos uniremos a nuestra alma gemela más vinculada a nuestro ser.
Tal vez haya más de una para cada persona, puesto que las familias de almas viajan juntas. Es posible que decidamos casarnos con un alma gemela menos ligada a nosotros que otra, alguna que tenga algo específico que enseñarnos o algo que aprender de nosotros. Podemos conocer un alma gemela a una edad avanzada, cuando ya hemos adquirido compromisos familiares. También puede ocurrir que nuestro padre, nuestra madre, nuestro hijo, o un pariente cercano encarnen el alma gemela con quien más estrechamente estemos unidos. O quizás nuestra relación más fuerte sea con un alma gemela que no se ha encarnado en el transcurso de nuestra vida y que está velando por nosotros desde el otro lado, como un ángel de la guarda.
A veces nuestra alma gemela está deseosa de encontrarnos y disponible. Es posible que él o ella se percate de la pasión y la atracción que existe entre ambos, de los lazos íntimos y sutiles que nos indican que nos hemos relacionado en diferentes vidas pasadas. Sin embargo esto puede resultar perjudicial. Depende de la evolución del alma.
Si una de las dos almas está menos desarrollada y es más ignorante que la otra, la violencia, la codicia, los celos, el odio y el medio pueden enturbiar la relación.
Todos los sentimientos son nocivos hasta para el alma más evolucionada, aunque se trate del alma gemela. Es habitual que fantaseemos con ideas como: "Yo puedo cambiarle" o "puedo ayudarle a crecer". Si la otra no deja que la ayudemos, si ha decidido que no quiere aprender ni evolucionar, la relación está condenada al fracaso. Tal vez surja otra oportunidad en otra vida; a no ser que la persona en cuestión tome conciencia más adelante. A veces se procuce estos despertares tardíos.
En algunos casos las almas gemelas deciden no casarse mientras estén encarnadas. Se las componen para encontrarse, permancen juntas hasta que cumplen el pacto acordado y después siguen su camino. Sus intereses y los planes que tienen para el resto de sus vidas son diferentes, y no quieren ni necesitan pasar una vida entera juntas, pero a veces es posible que necesiten tomar unas clases por separado.
La imagen del alma gemela pero "adormecida" es patética y puede causarnos una terrible angustia. "Adormecida" significa que no ve la vida con claridad y que no es consciente de las distintas dimensiones de la existencia, que no sabe nada de las almas. Normalmente son las interferencias cotidianas de la mente las que no nos permite despertar.
Estamos constantemente escuchando: "Soy demasiado joven; necesito adquirir más experiencia; todavía no estoy preparado para establecerme; pertenezco a otra raza, religión, clase social, nivel intelectual, tengo otro bagaje cultural, etc.". Todo esto son excusas, puesto que las almas no poseen ninguno de estos atributos.
Las personas reconocen la atracción. No hay duda que la atracción existe, pero su origen no se comprende.
Creer que esta pasión, este reconocimiento y esta atracción volverá a producirse con otra persona es engañarse.
No nos topamos con alma gemela de este tipo todos los días, quizás con solo una o dos más en toda la vida.
Encontrar a nuestra alma gemela no debe convertirse en motivo de preocupación. Tales encuentros están en merced del destino, y sin lugar a dudas, se producen. Después del encuentro, se produce el libre albedrio de ambas personas. Las decisiones que se toman y las que se descartan quedan en manos de su voluntad, de su propia elección. El alma más "adormecida" tomará decisiones basándose en la mente y en todos sus miedos y prejuicios. Desgraciadamente esto solo puede provocar mucha angustia. Cuanto más "despierta" sea la pareja más posibilidades habrá de que tome la decisión basada en el amor, y si los dos miembros de la pareja están "despiertos", el éxtasis se hallará al alcance de sus manos.